Despedida y cierre

Estoy en Los Angeles, en casa de un viejo amigo que me acogerá durante un par de días. Ya me he separado de los otros tres ruteros, que por cierto llevan dos noches, casi 20.000 kilómetros y poco menos de 24 horas metidos en un avión. Con un poco de suerte ya habrán aterrizado en Londres, con el reloj biológico bailándoles la sardana.

Un servidor podría seguir escribiendo paridas sobre esta dantesca y cínica ciudad que tengo al otro lado de la ventana. Bien las merece. Pero sin los chicos la Ruta ya ha terminado y por tanto también este blog.

Para el que firma, y me permito decir que también para el resto, ha sido el viaje más completo de su vida. En la China comunista descubrimos la ciudad más capitalista del mundo, con el subsuelo inundado de mareas humanas y sus pantanos transformados en rascacielos. Hemos conocido Auckland, la capital de la Polinesia, una ciudad con mil velas y cuarenta volcanes. Hemos caminado en milenarios bosques de kauri e investigado la desaparecida fiebre del ámbar. En medio de una peste insoportable, hemos visto al calor derretir el suelo en el campo de actividad geotérmica de Rotorua. Hemos hecho rafting en el Rangitaki y kayaking en el lago Taupo. Hemos visto las cimas nevadas del Tongariro, el Ngaruhoe y el Ruhapeu brillando bajo el sol del atardecer. Hemos rapelado una pared interminable en Waitomo, a favor de la gravedad y en contra del vértigo. Hemos cruzado flotando las cuevas de Ruakuri, con el techo estrellado de gusanos luminiscentes. Hemos visto los cachalotes de Raikoura, arqueando el lomo antes de sumergirse en el abismo. Y delfines oscuros jugando con la proa del barco. Y albatros errantes descansando en el Pacífico. Hemos volado y aterrizado sobre la nieve impoluta de los glaciares del Westland. Y en ellos aprendimos también a caminar con crampones. Hemos vuelto a la adolescencia en Queenstown, una ciudad donde está prohibido no ser joven. Allí hemos navegado por los cañones del Shotover a toda velocidad y nos hemos lanzado desde un puente con el único respaldo de un cordón umbilical. Hemos sufrido las tormentas que tiñen de verde los hayedos multicolores del Routeburn. Nos hemos aterrorizado con la moda de Dunedin. Hemos visto a los leones marinos bostezar sobre la arena de la península de Otago. Y a pingüinos de ojo amarillo cortejarse a sus espaldas.

Han sido muchos días y 3.500 kilómetros de carretera, pero por supuesto Nueva Zelanda no empieza ni termina aquí. El géiser de Pohutu estaba de vacaciones y los albatros de Taiaroa en pleno cambio de temporada. La nieve nos fastidió el cruce del Tongariro y el único kiwi que vimos estaba detrás de un cristal. Sobran excusas para volver a la parte opuesta del mundo y desde luego no nos quedan ganas de intentarlo. Pero hasta entonces, gracias por la compañía.

4 comentarios para “Despedida y cierre”

  1. Leo Dice:

    Como siempre, excelente cronista de viajes. Reitero mi envidia a ustedes por poder contar todo esto. Y agradezco que nos lo hayan contado. Felicidades

  2. angel Dice:

    A todos gracias, por la manera tan divertida e interesante de mostrarnos un país y especialmente, por volver a introducir en nosotros un ánimo y espíritu de aventura y descubrimiento. Enhorabuena y felicidades por la experiencia entiendo tan gratificante y enriquecedora.

  3. Manuel Carmona Dice:

    Felicidades por vuestra aventura y por compartirla con nosotros a través de este blog- Bonita manera de decir hasta luego con la foto de los cuatro aventureros sonriendo. Ahí sí que se puede decir que estáis radiante de felicidad.

    Un abrazo

  4. Alberto Dice:

    Felicidades por la manera tan brillante y divertida de contar este viaje. Yo, que también me dedico a esto de darle a la tecla, admiro sinceramente tu manera de escribir. Sobre todo teniendo en cuenta que cuando estuve en NZ me propuse hacer un diario y apenas me quedaban ganas de apuntar 4 cosas a mano en una libreta al final de cada jornada.

    También te doy la enhorabuena por haberme hecho revivir una de las mejores experiencias de mi vida. Nuestros viajes fueron distintos, pero creo que están unidos por una sensación común: la de haber visitado uno de los últimos paraísos sobre la tierra.

    Y mis felicitaciones a los 4 por lo más importante, por haber hecho este viaje que estoy seguro recordarán toda la vida.

    Alberto Cartagena

    P.D. Como no me traigas las semillas, te retiraré las felicitaciones una a una.

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